La vida te da patadas a veces, patadas tan fuertes que sientes que se te sale el estómago.
La vida a veces te da dos patadas, tan fuertes que el estómago acaba saliendo. La traición, el odio, ira, pureza. "Not for the money, not for the fame, not for the power, just no more games. But now i'm safe in the eye of tornado. I can't replace the lies that let a thousand days go. No more living trapped insidde, anyway i'll surely die. In the eye of tornado, blow me away".
Caer bajo la mentira más basta del mundo y que el puñal sea el más afilado, pero saber perdonar.
Y la muerte de tus entrañas al querer acabar con todo, sabiendo cómo es volver a empezar.
basta de mentiras, basta de to'.
domingo, 10 de abril de 2016
jueves, 7 de abril de 2016
Diario de un drogadicto.
Día 8 de abril.
Me levanto, temprano, muy temprano, por culpa de los temblores. He vuelto a tener una pesadilla.
Miles de pinchos me rodeaban, y nunca me tocaban, se quedaban a centímetros de mi piel, haciéndome sentir atrapado.
Decido que es hora de hacer cosas, hoy va a ser un día productivo me digo, pero al igual que en la pesadilla, me quedo quieto...
Pasan varias horas, hasta que la cama me escupe. Y me siento.
Me siento en la silla, delante de mi una mesa desordenada me provocaba asco.
Rebusco entre la basura, entre los plásticos de pizza y cartones de leche, abro el paquete de tabaco.
Me pongo tenso, me pongo muy tenso, pues no hago más que buscar una tarjeta que romper para hacer de filtro a lo que anhelo desde que tengo memoria.
No puedo evitarlo pese a que quiero.
Sé que no debo. Pero cada calada que doy, es un paso más cerca de una falsa salvación que creo que es buena para mí.
Decido que hoy no voy a fumar. No voy a fumar más.
Me levanto, hambre, y voy al lavabo. Me miro al espejo.
Cada día estoy más delgado, cada día siento más punzadas en el estómago.
Rebusco en los cajones y los armarios. Encuentro el pincho de mi pesadilla, pero esta vez soy yo el que se pincha.
Vuelo, vuelo lejos, cada paso que doy son cien, y cada segundo que pasan son mil.
Las horas corren, corren hasta alejarse de mí, soy un ser inerte que no quiere nada ni busca nada.
No tiene nada.
Ni vida.
Cae la noche, caigo en la cama.
Y ya no hay día 9.
Me levanto, temprano, muy temprano, por culpa de los temblores. He vuelto a tener una pesadilla.
Miles de pinchos me rodeaban, y nunca me tocaban, se quedaban a centímetros de mi piel, haciéndome sentir atrapado.
Decido que es hora de hacer cosas, hoy va a ser un día productivo me digo, pero al igual que en la pesadilla, me quedo quieto...
Pasan varias horas, hasta que la cama me escupe. Y me siento.
Me siento en la silla, delante de mi una mesa desordenada me provocaba asco.
Rebusco entre la basura, entre los plásticos de pizza y cartones de leche, abro el paquete de tabaco.
Me pongo tenso, me pongo muy tenso, pues no hago más que buscar una tarjeta que romper para hacer de filtro a lo que anhelo desde que tengo memoria.
No puedo evitarlo pese a que quiero.
Sé que no debo. Pero cada calada que doy, es un paso más cerca de una falsa salvación que creo que es buena para mí.
Decido que hoy no voy a fumar. No voy a fumar más.
Me levanto, hambre, y voy al lavabo. Me miro al espejo.
Cada día estoy más delgado, cada día siento más punzadas en el estómago.
Rebusco en los cajones y los armarios. Encuentro el pincho de mi pesadilla, pero esta vez soy yo el que se pincha.
Vuelo, vuelo lejos, cada paso que doy son cien, y cada segundo que pasan son mil.
Las horas corren, corren hasta alejarse de mí, soy un ser inerte que no quiere nada ni busca nada.
No tiene nada.
Ni vida.
Cae la noche, caigo en la cama.
Y ya no hay día 9.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)