sábado, 15 de noviembre de 2014

En un segundo.

El tiempo no es más que una percepción,
no es lo mismo para ti que para mí, amor.
"Un segundo no es nada",
un segundo es un mundo.
Un segundo somos los dos,
y un millón de personas más.
Es la creación,
y el apocalipsis.
Un beso,
una canción.
Es una caída,
una revolución.
"Delirios", dices.
"Mente abierta", te escupo.
¿No entiendes cuánto cabe en un simple tic?
Tac. Pasa el tiempo.
Un segundo muerto.
Un segundo vivo.
Mañana no existe,
ayer sí.
Vivimos el pasado,
di no a la planificación.
El presente es infinito y efímero.
Adiós,
voy a verlo todo.
Y ya estoy.

sábado, 1 de noviembre de 2014

La culpable.

-Yo nunca he sido hombre de peleas, realmente. Aún habiendo tenido un padre violento, incitándome a defenderme con los puños y no con la mente.
Siempre que he tenido problemas no los he plasmado a golpes contra nada ni nadie... A lo mejor en alguna ocasión aislada, como cuando me echaron lejía a la cara... pero no. Por lo general no.
Había hecho caso siempre a mi madre, "paz y amor", y esas cosas. Aunque no del todo.
No era tampoco hombre de paz y amor. Guardaba los sentimientos. Sí, soy rencoroso. Y pienso demasiado. Saco conclusiones muy rápido, pero no había matado a nadie...
Había plasmado todos mis dolores en escritos, o en daño a mí mismo... Pero, como ya le he dicho, a otros no. Casi siempre he sido muy cobarde.
Espero que lo entienda, señor juez, que entienda que frente a una calumnia como a la que me he visto sometido he tenido que actuar como mi lado primitivo y salvaje lo dicta, con los puños, pues ella ha cometido el mayor crimen que alguien puede cometer. Gracias por escucharme.
-Comprendo que se sienta dolido por lo ocurrido, pero no puede asesinar a su mujer por tener un amante. Le declaro culpable.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Limitado por el tiempo.

¿Cómo puede un hombre fuerte, porque él era fuerte, romper a llorar como un cristal se rompe cuando cae al suelo?
¿Cómo puede ser que alguien duro como una roca caiga a mis brazos clamando una solución ante el amor?
¿Cuál es la razón para que un amigo se rompa ante mí?
La vida le brinda oportunidades.
Buena familia, estabilidad, inteligencia... Le brinda lo necesario para ser alguien...
Excepto fuerza ante la mujer.
Tan duro es ante todos, pero tan roto y frágil ante todas...
La mujer a la que ama, lejos de él, se regodea ante otros para hacer que vaya...
Pero no puede...

A la desgraciada que quiero y ella no.

¿Cuántas horas más pasarán hasta que el motor de mi pecho necesite tus pilas?
Te quiero a ti.
Sí. A ti.
No. No a otra.
No. No me voy a marchar. O sí. No lo sé. El tiempo para ti pasa de una manera y para mí de otra, Clara. No estaré para siempre.
No soy unas reservas que usar "en caso de emergencia".
Por desgracia, este hombre enamorado se está empezando a desenamorar.
No. No tienes la culpa. O sí. No lo sé.
Aunque... En realidad sí lo sé, pero llevas mucho tiempo ignorándome.
Ya no quiero que tú seas mis pilas.
Ya no te quiero querer.
La vida está llena de momentos, y el tuyo ya está llegando a su fin.


domingo, 28 de septiembre de 2014

En el primer cruce hacia el camino correcto.

¿Qué es esto?
¿Una transición?
¿Y por qué tiene que ser tan dolorosa?

¿Es necesario sufrir para avanzar?
No lo comprendo.
El mundo tiene que seguir, siempre evoluciona. ¿Todos sufren?
Si todos sufren, como yo, ¿por qué cada día pasa y todos siguen y no aparentan nada?
¿Por qué el que muestra lo que siente es el malo?

Me recuerda a mí, ciertamente, lo que me pasa.
Porque soy imbécil.
Porque me equivoco.

Porque detrás de la perfección hay miles y miles de errores gravísimos, que han hecho que aprenda.
Si has sido parte de los errores, eres parte de la perfección, creo.

Pero de verdad que lo siento.
En el fondo de mi alma y de mi corazón, lo siento.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Y la tengo.

Y desperté.
Seco y solo, rodeado de fina arena dorada y blanca que descansaba sobre el infinito, y que ocupaba hasta el fin del horizonte.
Y el cielo sobre mí.
Gran manta azul, cúpula de reloj suizo, indestructible, que, a juzgar por la posición del sol, marcaba las doce.
Los rayos del astro de la vida quemaban los ojos si no te tapabas con mano, pero era tan bello...
Primera tentación.
Miré fijamente a la bola de fuego, y le dije: "¡Te quiero!", pero sólo hizo que cegarme y quemarme por dentro.
Primer dolor...

Y anduve. Anduve odiando al sol, y queriéndolo dejar atrás, pero siempre me seguía...
"¿Cómo cubrirme los ojos?", pensé, mientras seguía andando, camino a mi salvación.
Y lo vi.
Gracias a darme cuenta de mi error, encontré una solución.
El grandísimo cactus, verde, y con flores rosadas, estaba plantado en mi camino.
Y me fijé.
La arena tras la planta estaba fría y oscura, la sombra la cuidaba.
Y me dejé.
Me dejé llevar por las sombras del camino, ocultándome de la superficie, buscando lo que creí que siempre, quise querer.
Y la encontré.
La gran roca morena, que tapaba la luz, no dejaba que penetrara en su interior... Me enamoré.
Su pureza se dejaba entrever, en su interior... Y la besé. ¡Pero todo era una simple ilusión!
Ella ya no estaba, y desperté.
El cactus me había envenenado, el sol, quemado, las sombras me estaban matando, y me escapé...
Corrí por toda la tierra.
Y te encontré.
A ti, diosa del agua. Mojada, firme y sola.
Y me enamoré perdidamente.
Pero no... Mi dolor no te quería...
Y me tapé.
Me tapé el sol que cegaba, levanté las vistas de las sombras, me saqué las espinas y quise creer.
En ti. En mí.
En un tú y yo, sin fin.

lunes, 28 de julio de 2014

Y con todo esto te quiero.

Y aún sin haberte visto, te echo de menos,
y aún sin haberte tocado, te siento en mis manos.
Dime, destino, cuánto tiempo ya he esperado,
porque para mí, amigo, ya se está acabando.

Y aún sintiéndolo mucho,
tendré que esperar más,
tendremos que hacerlo,
tendremos que aguantar.

¿¡Por qué!?, maldita sea.
¿¡Por qué, esperar más...!?
La vida no es vida sin ti, cariño,
la vida contigo quiero, sin más.
¡Y a los dioses exijo,
respeto a mí y a mi necesidad,
de ver una vez al menos,
a mi primera hermana de verdad!

jueves, 29 de mayo de 2014

Cuando vienes y me llevas más allá.

Te quiero.
A ti, y a tus defectos.
Quiero sentir tu piel morena en mis brazos.
Tocar tu pelo negro.
Besar esos finos labios...
Esos labios tan perfectos...
Te quiero.
A ti, y a tus defectos,
hermosos a mi vista,
hermosos son, mi cielo.
A esa risita que oculta un pensamiento.
A los ojos que me miran con deseo.
A cada palabra que me susurras,
y que hace que me olvide del más profundo sufrimiento.
Te quiero.
A ti y a toda tu vida.
Tus manías y tus miedos.
A todas tus caídas,
las venidas y las idas,
te quiero a mi lado, señorita...

Ya no puedo decir más.
No encuentro más palabras, sólo actos te puedo dar.

martes, 13 de mayo de 2014

Hermana de otra madre.


Chiquilla, como no quieres que te llame,
te dedico estas palabras como si de pan y agua en el desierto se tratasen,
unas frases con sentido,
consentida hermanita,
te proporciono para saciar tu mono de ser mi musa,
poetisa.
El echarte en falta una tarde,
para mí no tiene precio,
igual que no lo tiene el contarte la razón de mi forma de ser,
o de algún que otro enamoramiento.
Escuchar tu música brotar,
escuchar el tango de Roxanne,
escucharte hablar,
¡tanto placer en unos segundos! ¿¡Quién más me los da!?
Leer tus "¿Puedo molestarte?" para hablar conmigo,
y responderte que siempre eres bienvenida,
pensar en qué harás en clase,
o con Irinova, tu amiga.
En tan poco tiempo y tanto aprecio, ¿eh?
¡Cuánto cariño en unos días,
cuánto enigma por resolver,
cuántos violines sonando,
cuánto tiempo hasta verté!

lunes, 14 de abril de 2014

Y vuelvo a caer.

Si te brindo mi alma,
no es para que la rompas.
Si te digo que te quiero,
son palabras sinceras.
Te hago poemas de amor,
con tinta hecha de mi sangre.
Me rompes en pedazos, dolor,
pena, tristeza negra.
Dulces modernistas copulan encima nuestro,
escondiendo la verdadera crueldad.
A la mierda la vida, la muerte,
a la mierda la fría realidad.
¡Caigo por páramos oscuros,
de cuarenta grados y más!
La gente que me quiere, me quiere,
no lo duda, Barrabás.
¡Mi cumbre estaba sola,
perfecta, dura y sobria!
Pensar en tono amargo es fácil,
no confunde la verdad,
me ayuda a estar frío, impasible,
ante la cruda realidad.

La rosa bendita.

Cálidas gotas,
de lluvia de enero,
me llevaron, cariño,
a encontrarte a ti.
Agradezco a Shiva,
a Cristo y a Budha,
por mandarte a la Tierra, mi ángel,
a por mí. 
Doy gracias a las estrellas,
por darme la oportunidad,
de que al estar contigo,
me pueda codear con ellas.
"Persona a medias",
me suelen llamar,
y eso es sólo,
porque tú eres mi otra mitad.

domingo, 30 de marzo de 2014

Mente nueva, escritura nueva, vida nueva.

He decidido dejar de ser un amargado.
He decidido cambiar.
He decidido salir adelante,
ver la luz,
deshacerme del mal.
Purificar mis venas no a cuchillazos, sino con abrazos ajenos que aceptar.
Abrir mi mente a más opiniones,
entender qué pasa,
no negar sin escuchar.
Exfoliar de mi mente mis fantasmas pasados,
que del pasado son,
y en el pasado están.
Compartir mi vida sin resentimientos,
aprender a confiar.
¡Con ésto digo, mundo,
que Andrés ha nacido y Andrés vivirá!
Ya no me quejaré entre dientes,
no desearé más el mal.

Gracias de todo corazón a aquellos que están de mi lado pase lo que pase.

sábado, 22 de febrero de 2014

Primera. [Con la segunda parte]

Corría una curiosa época, la revolución estaba a punto de estallar, la gente te miraba con odio si no llevabas esas marcas a fuego y tinta… Y, bueno, debías dar gracias si no te tiraban alguna piedra a la cara, por eso tenías que llevar cuidado cuando salieses a la calle.
Me marché de mi casa, llamé al ascensor y, antes de que sonase el característico “cloc” que avisa de que ya puedes abrir la puerta yo cerré la de mi casa con llave y todo. “Coordinación total”, pensé riéndome un poco.
Entré en la máquina y mientras bajaba los cuatro pisos que alejaban del suelo mi apartamento, me miraba en el espejo para peinarme. “No sé porqué sigo haciendo esto”, pensé. “No tengo a nadie para quien ponerme guapo”.
Con el pie empujé la puerta, ignorando el erróneo cartel de “tire” que unos obreros españoles habían colocado ahí.
Salí con el paso apretado ya que no quería encontrarme con ningún vecino (casi todos revolucionarios) y cuando estaba ya bajando las escaleras que precedían la puerta que daba a la calle, escuché una puerta y un grito.
─¡Eh, Villar, espérame!
Su voz femenina y firme, pero dulce también, recorrió un pequeño pasillo y llegó a mis oídos unas milésimas de segundo antes de que acabase de abrir la puerta.
Entró por mis conductos auditivos y una vez que mi cerebro comprendió que era a mí a quien solicitaban, mi cuerpo se paralizó y se me heló la sangre. ¡Yo no quería quedarme ahí, quería largarme!
─¿Pero qué…? Ah, hola. Hola Cecilia. ¿Qué quieres?─ pregunté notablemente molesto.
─Uy, chico, que voz me traes. Mira─ dijo enseñándome una cajita negra─. ¿A que no sabes qué hay dentro?
Su cara esbozaba una sonrisa curiosa.
Al hacerlo, su nariz siempre se achataba un poco y quedaba realmente mona.
Yo estaba de mal humor por que quería irme, pero el verla ilusionada y el fijarme en su pequeña nariz hizo que se me escapara una sonrisilla, que ella tomó como una aceptación a su juego.
Me di por vencido, y antes de que ella comenzase a hablar me pasó fugazmente un recuerdo, o varios, no lo sé, pero recordé los tiempos en que estábamos saliendo juntos.
Si acepté su petición de noviazgo, seguro que podía aceptar por voluntad propia ver qué había en la caja.
─Aaagh. Bueno. ¿Qué hay?─ pregunté resignado.
─Adivínalo…─dijo con voz juguetona y riendo por lo bajo.
Su pelo caoba se movía hacia los lados ya que ella no se quedaba quieta. Era tan bonito… A veces no recuerdo porqué decidí cortar la relación amorosa con ella.
─Tengo prisa, Ceci. Dímelo─ corté fulminante.
─¡Es un esqueleto de bebé serpiente!─ gritó emocionada.
─Oh. Vaya. Es… No me lo esperaba.
¡Claro que no me lo esperaba! La caja negra, con los bordes dorados y con un grabado sobresaliente parecía la típica caja para guardar anillos, moneditas o pendientes. No una caja para fósiles.
─No te gusta…─ dijo cabizbaja.
─No es que no me guste, es que tengo que subir a un tren que va a Barcelona.
─¿Ah sí? ¿Y eso? ¿A qué vas? ¿Vas a ver a alguien?
Todas esas preguntas me desconcertaron.
─¿Y a ti qué más te da?─ le contesté enfadado.
─Bueno, soy tu… Oh, bueno. Curiosidad.
Seguía comportándose como si fuese mi novia, ese aspecto obsesivo siempre me gustó de ella, pero eso no podía hacer que la relación durase.
─Repito. ¿Y a ti qué más te da? ¿Eh? Además, como me distraiga más voy a perder el puto tren. Adiós.
Y dicho eso, abrí la puerta y me fui.
Antes de que se acabase de cerrar del todo escuché:
─Pero Dani… Yo aún te…
Y se cerró.
Al salir a la calle el frío me aplacó, pero no me inmuté. Aún estaba pensando en lo que casi había acabado de escuchar.
"¿Dani aún me qué?", pensé cabreado. "¿¡Aún me qué!?".

Bajé una calle medio corriendo medio andando, no sin haberme colocado antes unos auriculares para no oír a la gente rompiendo escaparates y coches.
Caminaba dando brincos haciendo coincidir los pasos con el ritmo de la canción.
"Nanana, kill everybody... Kill", tarareaba en mi mente.
La canción iba tomando más rapidez.
"
Ki-ki-ki-ki-ki-kiiiiiil!".
─KILL!─ grité, y al hacer eso, alerté a un montón de punks que estaban cometiendo actos vandálicos.
"Mierda", pensé al escuchar sus cadenas dando golpes.
Yo no sabía que me perseguían, quiero decir, no lo vi, pero sí sabía que algo malo venía hacia donde estaba yo.
Las cadenas rechinaban detrás de mí.
"Puede que sean diez, o quince...", pensaba mientras corría delante del mal.
"KILL EVERYBODY! KIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIILL!".
"¡Corre más!", me decía a mí mismo. "¡Corre que están detrás!".
"What I wanna? WHAT!? I WANNA KILL YOU!".
¡Hijo de puta! ─gritaban ellos─ ¡Deja que te cojamos, vas a ser del buen bando, puto tarado!
Esas palabras no me inspiraban confianza, así que como debéis suponer no paré.
¿¡Por qué no os vais al infierno y le comentáis a Satanás que venís de parte de Villar, que no quiere veros jamás!?─ grité burlón.
De repente me sentí muy poderoso. De repente pensé que podría con todos ellos.
En ese momento estaba pensando en Cecilia.
¿¡Qué has dicho, pedazo de perro!?
Los estaba enfureciendo, por suerte ya estaba llegando a la estación y allí los policías no les dejarían pasar, era bastante obvio que eran revolucionarios y que yo no lo era, así que estaría protegido.
¡Corred más rápido─ gritó el que debía ser el jefe de ese grupo de punks─, que está yendo hacia los trenes!
Ellos se habían dado cuenta de mi plan, pero por suerte sólo quedaba una calle.
¡Iros a la mierda, putas!─ grité triunfal.
"Kill!".
Los punks desaceleraron al ver que ya estaba saludando a los policías, aunque aún tuvieron huevos de decirme algo más.
¡Ni te atrevas a venir otra vez por aquí, cabronazo!─ comentaron entre risas.
¡Ya veremos quién es el cabronazo!
Recuperé el aire apoyándome sobre mis rodillas mientras que un policía se ponía delante de mí cubriéndome con un escudo.
Joder, Villar, anda que no, siempre la estás liando, jajaja.
¿Eh? Ah, hola, Minkov. Espera un poco, ¿sí? Estoy cansado. Vengo desde donde estaban los bomberos.
¿Desde los bomberos? Guau. ¿Y con esa horda de quinquis? Ya decían que eras duro de pelar.
Parecía sorprendido.

Normal.

miércoles, 19 de febrero de 2014

Cálida lluvia.

No eran más de las ocho de la mañana cuando me desperté y me destapé tratando de no hacer ruido.
Me giré con un movimiento eficiente e insonoro, me puse unas pantuflas que había colocado previamente bajo mi lado de la cama y salí de la habitación cerrando la puerta habiendo echado un vistazo a la mujer que me acompañaba esa noche y todas las anteriores desde que los dos compramos la casita en el campo.
Me dirigí a la cocina e hice ademán de prepararme un café, pero no llegué a preparármelo porque sabía que si mi mujer se despertaba no podría volver a dormirse. Siempre decía que si no dormía mucho, le temblaban las manos, y eso en su profesión, violinista, no era bueno.
Pensé que si salía unos minutos antes de lo habitual, podría tomarme un cortado en la cafetería de la editorial e incluso podría comenzar antes mi trabajo para adelantarlo y llegar más pronto a mi vida.
Cuando entré de nuevo a la habitación para coger mi ropa, cosa que debí hacer antes, Míriam seguía durmiendo plácidamente.
Pasé varios minutos observándola aplastar la oreja, su bonita, menuda y rosada oreja.
Cuando me quise dar cuenta eran casi las ocho y media y ya debía estar en la cafetería, pero se me había pasado el tiempo volando mientras pensaba en lo afortunado que era.
Fui directo al armario y agarré unos pantalones vaqueros, una camiseta blanca, una camisa verde, una bufanda gris, una chaqueta con el interior marrón y unos calcetines gruesos.
Volví a sentarme en la cama sin provocar demasiado movimiento después de colocarme los pantalones y me puse los calcetines.
Con la camisa en la mano, la bufanda sobre el hombro y la camiseta ya puesta, besé en la frente a mi acompañante y me volví a ir de la habitación.
Mientras buscaba las llaves de mi coche, me colocaba los zapatos. A punto estuve de caer varias veces, pero optimizar tiempo era importante.
Al acabar de vestirme, agarré las llaves de casa del cuenco que estaba en la entrada y me marché.
Bajé a un camino que estaba fuera del terreno de la casa y entré en mi vehículo. Lo puse en marcha, esperé unos minutos a que se calentase el motor, encendí la calefacción y pisé el acelerador suavemente para causar el menor ruido. Era necesario no despertarla.

Conduje durante veinte minutos que realmente pudieron haber sido diez, pero al policía de turno le pareció divertido presentarse en la carretera y hacerme parar:
─Buenos días─ dijo el agente mientras señalizaba que me hiciese a un lado, en el arcén.
Bu-buenos días... ¿Hay algún problema señor agente?─ pregunté más bien nervioso ya que si me entretenía podría perder valioso tiempo.
No hombre, no, es rutina. Simple inspección─ afirmó el policía.
¿Rutina? Es la primera vez que le veo aquí...
─Bueno, me ha pillado─ confesó entre risas─, es mi primer turno aquí.
¿Eh?─ contesté desconcertado, tenía que marcharme ya─ Oh, sí, bueno, ¿puedo irme ya? Llegaré tarde al trabajo...
¿Se ha despertado usted tarde?
No, realmente no, me quedé embelesado observando a mi mujer dormir... ¿Sabe? Es tan bonita... Cuando pedí su mano estaba igual que ahora... Espere, ¿qué hago yo contándole esto? ¿¡Me va a dejar irme ya o qué!?
Bueno, relájese, enséñeme sus papeles...
Y así, durante seis minutos, estuvo repasando unos papeles que podían haberse leído treinta veces en menos de dos.
Está todo en regla. Puede marcharse─ sentenció el agente.
Oh, por fin. Gracias por todo. Espero volver a verle.
─Eso dicen todos...

El camino fue tranquilo, y por eso pude correr algo más, cosa que me hizo ahorrar unos minutos.
Llegué a tiempo a la editorial, y me pude tomar el café.
El día iba bastante bien, sin contar el hecho de que el policía me hizo perder esos minutos que al final no resultaron tan valiosos.
─Fermín, ha llegado usted muy justo.
─Sí, lo siento señor director... No volverá a pasar.
El director estaba en la puerta del edificio esperándome. Jamás había hecho algo así, me comentaron las secretarias.
─No se preocupe hombre, no pasa nada. Es más, acaba usted de llegar justo para la reunión.
─¿Reunión? Pero si soy un simple escritor de la columna del periód...
─Calle hombre, calle─ me cortó el señor Salvador.

Don Salvador era buena persona, un poco exigente, pero bueno al fin y al cabo. Si tenías algún problema siempre podías ir a pedirle consejo, él te ayudaría. Pero desde que su mujer falleció estaba de capa caída.
─¿Que... me calle?
─Suba, suba, vamos, vamos, no pierda el tiempo. Mis compañeros están esperando en mi despacho...
Y así, Don Salvador me acompañó hasta su sala pre-despedidas.
Pre-despedidas o pre-ascensos.

martes, 18 de febrero de 2014

Cálida lluvia.

Cuando volvía de la editorial caía una lluvia implacable. Una lluvia que acababa de calar en el fondo de mis huesos. Una lluvia que invitaba a pasar el menor tiempo posible lejos del hogar.
Aunque, ¿qué había en el hogar?
Oh. Espera. Debía ir a mi hogar.
Debía ir a nuestro hogar.
Cuando llegué a mi casa, mojado en lugares donde nunca debía haber entrado agua, tardé varios segundos en adaptarme a la luz que recorría el pasillo. En la calle había una oscuridad turbia, con tonos violáceos, y por eso cuando abrí la puerta el haz de luz cálido me golpeó en la cara.
-¡Hola!- saludó una voz adorable.
Esa voz llegó a mis oídos alejando toda sensación desagradable y dejando paso al tranquilizante sentimiento del amor.

Caminé unos metros hasta que llegué al salón, y allí estaba ella, estirada en el sofá con un cojín bajo sus piernas. Su brazo derecho cargaba con el peso de su cuerpo, pero parecía una posición cómoda.
Me acerqué y ella hizo ademán de levantarse, pero sin mediar palabra alguna me incliné hacia ella y la besé, indicando que se colocase de manera que pudiéramos estar los dos estirados.
Ella se movió hacia adelante y yo salté tras su cuerpo aún mojado.
Le pregunté si le molestaba el agua, y como respuesta recibí un abrazo.
Me moví dando a entender que quería que se pusiese encima de mí, y ella lo comprendió.
Saltó encima de mí con una sonrisilla y me atrapó las piernas con las suyas.
Apoyó su cabeza en mi pecho y yo acaricié su pelo hasta que el calor mutuo me secó dando pie a una larga noche presidida por el silencio de las palabras y el lenguaje de las miradas.

lunes, 17 de febrero de 2014

Lluvia.

La lluvia, está siempre ahí, escondida entre las nubes pero vigilando nuestra sequía. Algo falla si ésta no se presenta de noche golpeando las ventanas con una suavidad que te levanta con cariño, recorriéndote aun sin haber entrado en tu alcoba. Vacía alcoba. Cálida pero sin la humedad del amor y con el dolor sólido de lo profundo de tu corazón.
Si sales de tu cama sabiendo que nadie te espera fuera, si tienes el valor de hacerlo, la lluvia te acogerá afuera acariciándote el pelo con su humedad mágica, con una fuerza superior a la del mayor holocausto o a la de la mayor bomba.
La lluvia, sinónimo de tristeza y drama, yo la veo como una amiga.
¿Quién me acaricia a mí? Exacto, sólo la lluvia. Es preciosa. Amable. No te decepciona. Cuando está, está, y siempre deja su rastro para que te acuerdes de ella. Puede ser terrorífica pero también conciliadora. Puede dar vida, pero obviamente si está enfadada te la quitará sin remordimientos.
Pero si está apaciguada... Es tan hermosa... Es una diva de agua. Es la diosa de la humedad, el viento la sigue y el frío se calienta si con ella no está...
Ella es la que me mecerá en los días de tristeza y la que me acompañará en el viaje en tren hacia el lugar dónde mi alma habita.

No cabe duda de que es el regalo de los dioses, la vida que mandan y las que nos quitan.
Ellos saben qué hacer.

lunes, 10 de febrero de 2014

Y que rápido creyó que me olvidé de ella...

El sol despuntaba cuando me sonó el despertador.
-¡Buenos días, mundo!- proclamé.
Eran las siete de la mañana de un martes y yo estaba ansioso por ir a clase. No por el temario, no, era por verla a ella.
Me destapé y noté como el vello de la pierna se erizaba al entrar en contacto con el frío, pero como las ganas de estar a su lado eran mayores ignoré la sensación y me levanté de un bote para empezar a vestirme.
-Pantalón negro... Camiseta negra... Bambas... Camisa...
No era metalero ni nada por el estilo, simplemente el negro me quedaba y sigue quedando genial.
Desconecté la estufa del baño y la enchufé en la regleta de mi habitación, para que mientras me hacía el desayuno se fuera calentando un poco el habitáculo.
-Galletas...- susurré mientras rebuscaba en un armario de la cocina.
No quedaban. "A por leche", pensé.
La saqué de la nevera, en la que no habían demasiadas cosas, a decir verdad.
Empecé a bebérmela a morro, pero no importaba, quedaba un culín en el fondo y ya iba a tirar el envase.
Miré la hora. Las siete y cuarto.
"Más rápido imposible", sentencié en mis pensamientos.
Tenía dos opciones: hacer nada durante quince minutos y subirme a un bus que me llevaría directo al instituto, o podía salir ya para ir andando a La Plaza.
La Plaza era el lugar donde nos encontrábamos por las mañanas antes de ir a clase mis amigas, Sofía, y yo.
La Plaza era el lugar que más me gustaba de toda la ciudad, allí es donde la veía cada día.
El mejor momento de todos.

Yo no sabía calcular toda la felicidad que me inundaba al verla poco después de levantarme, y seguir viéndola durante el día valía más que todo el oro del mundo.
Pensar en  ello me animó.
Me metí una rebanada de pan duro en la boa y salí de mi casa con una sonrisa que asomaba tras el pan.
El frío del propio rellano me caló hasta los huesos y entré de nuevo al apartamento a por un gorro.
Mi gorro era simple, uno de lana gris y muy desgastado. "El mejor amigo del hombre en días como éste", pensé entre risas mentales.
Llamé al ascensor y entre como si nada.
Me miré al espejo mientras bajaba, moviendo el pelo que asomaba bajo el gorro de lado a lado intentando lograr un peinado que valiese la pena.
Una vez en la calle, el viento aplacó, pero yo, feliz, seguí mi camino.
Tenía unas ganas enormes de llegar a La Plaza, pero aún me quedaban veinte minutos de camino.
Se me pasaron rapidísimo ya que andaba fantaseando con acariciar sus rosados pómulos, fantaseando con besar sus labios rojos...
¡Cuánto amaba a Sofía!

sábado, 18 de enero de 2014

No sé qué hacer si me enamoro de un pensamiento.

Te veo en mi mente, agachada, inerte.
En el baño caída, sobre una alfombrilla.
La sangre de tu pecho bajaba entre tus senos,
y sobre éstos, una cuchilla.
La boca, torcida, dibujaba una sonrisa,
helada, cansada, pero firme y suicida.
Sonrisa de loca, acabada, malvivida.
¡Qué sexy me parece alguien como tú,
como yo, sufridora y en un tunel sin luz!
Sueño con tus rotos labios, partidos por un compartido filo,
posados con amor, sobre el edén de los míos.
Pienso en tus cicatrices, heridas mentales plasmadas en un lienzo,
tu cuerpo, cariño, no es cosa extraña.
Saco las mantas, deshago tu ropa, destrozo la mía, me poso en tu boca.
Ambos nos queremos, igual no por amor, sino por el camuflado deseo de sentir calor.
Ataques de furia, por tu inexsistencia, me invaden y en mí, provocan  Demencia.
Es lo que siento, pierdo el control, al final en mi pecho, me corto yo.
La sangre me brota, y de ella naces tú, pero no eres real, eres droga de hospital.
Acaba la historia, me encierran sin más, se acaba la búsqueda, de mi mujer ideal.
Vendrá ella, espero, no voy a andar más, mis pies no aguantan más brasas del mal.

sábado, 11 de enero de 2014

Tardes de reconocimiento.

Tengo delante a un tipo desgastado. Está desaliñado y parece cansado de ésta, nuestra vida.
Carece de sentimientos, o al menos éso demuestra a simple vista.
Está ahí parado, delante del vivir. Quieto, mirando, analizando y calculando, y cuando por fin habla alguien le interrumpe desvariando el momento.
Éste notas está mirándome a los ojos, siento que está avanzando dentro de mi alma partiéndome en dos cada vez que, ¡sorpresa!, rompe con un machete los hilos de terror, furia y odio que tejen mi mente y cuerpo.
Se le nota en la mirada que no necesita dinero, objetos, ni a un lameculos a su lado.
Se nota que necesito amor.
-Bueno, tengo una opinión, pero me quedaré frente a éste espejo, callado, para que nadie me interrumpa.

Paso página.

"-Bajé las escaleras y allí estabas tú, quieta, atada.
Tus labios formaban una sonrisa macabra, pequeña, los hilos no te dejaban articular palabra, y menos esbozar una sonrisa como la que solías tener.
Tu cuello, manchado, no hacía más que dejar caer gotitas de sudor que me ponían muy nervioso.
Te tiré un trapo que no recogiste, ya no me acordaba de que te había atado los brazos también.
Me acerqué lentamente a ti y noté como tu respiración se aceleraba. Tu pecho se movía rápidamente y no parabas de sudar mientras te frotaba con el trapo dejando al descubierto los cortecillos que poblaban tu piel.
Cada vez que me pasaba por encima de uno, tú hacías un sollozo mudo ya que la costura no te dejaba abrir la boca apenas, ¿lo recuerdas?
No sé porqué moriste, te encantaba jugar conmigo a que te raptaba".
Di dos toques al ataúd y me marché.

Paragüas sí lleva diéresis.

No quiero, pero debo hacerlo. Al fin y al cabo es una experiencia nueva y difícilmente será peor que en donde estoy ahora.
Voy a hacerme la maleta.
Pantalones, calcetines, calzoncillos...
Al decir calzoncillos me acuerdo de cosas.
Con mi madre, cuando era yo pequeño, para acortar la palabra decíamos "calzons". Aquella época era una mierda.
Metí un par de "calzons" más en la bolsa de deportes y seguí empaquetando.
Pantalones, sí, otro, sí; camisetas, dos, sí, dos; camisas, un par también, sí... Ya está.
Mierda, llueve. Voy a por un paragüas.
No hay, mierda.
Mierda.
¡Un gorro!
No me mojaré tanto.
Mierda.
No tanto.
Muerte.

¡Un billete a mi planeta, por favor!

La biblioteca me agobia.
En la clase no se hace nada.
Me marcho a mi mundo.
¿Acaso soy un loco por poder escabullirme de la realidad que me atormenta?
Yo creo que soy un romántico, aunque nada tenga que ver con el texto.
Me gusta andar rápido. El viento en mi cara me seca los ojos impidiéndome ver el lugar en el que vivo.
En el que yazco.
¿Si caigo de un décimo piso, muero?
-Prueba.
-Tú primero.
Bajad los dos, no pasa nada.
Por lo que vivís os salvará.
¿No?
Por éso vivís, ¿no?
¿NO?

Planes inciertos que enamoran.

Es curioso, no puedo dejar de tenerte en mi cabeza.
No puedo creer que hace tres días que no sé de ti, y tampoco me creo que me importe, porque hace cuatro no te conocía.
¿Acaso me vas a hacer tú sentir? ¿Acaso el haberme flagelado en aquél momento era lo correcto?
Sé que tengo que llamarte. Sé que debo hacerlo y, perdóname por tardar.
Lo que me ocurre es que me acuerdo de lo que hemos hecho y me gusta, y me pongo nervioso.
Sí, hemos quedado una vez, pero cada gesto, cada mirada de tus ojos a los míos, cada caricia que me dabas porque querías... Todo éso, toda la atención que me brindabas... Era hermoso. Eres hermosa.
Al fin y al cabo, joder, lo que quiero es que me quieran, y, ¡jo! ¡Poder atender a quién me quiere atender!

Me cuesta pensar qué decirte... En media hora tu teléfono sonará, esperaré, y si contestas, bien, y si no, pues a dormir solo otra vez.
"Tu problema es que piensas demasiado", lo sé.
Me enamoro de las posibilidades.

¿Cuántos objetos valgo?

Me sacas mi vida y no puedo hacer nada.
Incluso he de poner buena cara después.
Siento que te odio, lo hago, de hecho.
-Pero... No es para tanto.
-¡Beh! ¡Haz lo que te dé la gana!
Te odio. Te odio tanto que te odiaría aunque fueras yo. Fíjate lo que te odio.

Un detalle, como una pluma para escribir éste texto, lo cambia todo, ¿no?
-Toma, es una almohada que se calienta, ¿ya me quieres?
-Toma, es una pluma, obedece.
-Toma.
-Toma.
Toma.