viernes, 27 de diciembre de 2013

Beh. Basura.

En mi mente no discutíamos, era un paso firme y certero.
Sabía que acertaría, pero me eché atrás.
"¿Estás bien?"
"Claro, claro, todo igual".
Navidades frías he pasado,
tantas que ya son hielo encima del mar.
Todas solo como la una,
pero jamás a éste he querido alejar.
¡Tanto sentimiento junto es peligroso!
No todos buenos son, creedme.
Pánico, furia, dolor, amor,
cobardía, pena, efimera, y a beber.


Menuda puta mierda.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Cinco quedan.

Para cinco que quedan no me voy a matar.
No voy a sonreir más de lo que necesite.
Trataré de llorar.
Y de una puta vez voy a acabar.
Éstos cinco días serán los que más mal lo voy a pasar, no por mí, sino por los demás.

martes, 10 de diciembre de 2013

Él hace lo que quiere.

La calle oscura daba un ambiente curioso a la escena.
Él caminaba bajo la lluvia como si ésta no existiese.
En un abrir y cerrar de ojos dejó de existir.
A Él no le gusta la lluvia. Dicen que son sus lágrimas, Él no llora.
Él nunca llora. No puede. No siente.
Él sigue andando en el obscuro callejón.
A Él no le gusta la oscuridad. Ni siquiera parpadea.
Él está haciendo el perfecto lugar para tomarse la justicia por su mano.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Echar un vistazo al interior.

De vez en cuando, sin mostrar mucho interés, miro dentro de mi corazón para ver lo que esté pasando.
Suelo hacerlo sólo cuando alguien se interesa por mí y fíjate tú, qué cosas tiene la vida que, cuando alguien lo hace, siempre estoy enamorado de ésta persona.
Probablemente me equivoque, pero a veces suelo pensar que estoy solo y que poco me queda aquí.
Cada vez que escribo mis sentimientos consigo divisar a los lejos, entre una espesa neblina oscura y siniestra, un haz de luz que me parece la salvación.
¿Es tan complicado? ¿Es tan difícil encontrar a alguien que realmente nos comprenda?
¿Tengo que esconderme? No, esa no es la pregunta, ¿por qué tengo que esconderme?
¿Por qué razón tengo que esconder mi manera de pensar y de ver el mundo? Ah, sí, es porque nadie consiente que alguien sea cómo es.
¿Porqué los tópicos de que los chicos buscan sexo se apoderan de las mentes de las féminas puras?
Por cosas como estas dan ganas de matar o matarse.
Hay veces que me arrepiento de ser tan romántico como soy, me siento desgraciado.

¿Cuando se creará una humanidad tolerante hacia la gente con sentimientos de verdad?

Todas estas preguntas, y muchas más, en la tienda en casa.

Vámonos a casa.

Poco a poco mi vida se recupera, subo a cuestas los peldaños alcanzando el cielo azul, viendo ángeles acompañándome, y trabajando mi sentido del amor.
Siento sus alas batirse, siento mi corazón latir, veo su figura al final de un pasillo, brillante, y me acerco a Él.
Le voy a saludar, y ya me ha contestado, intento tenderle la mano y ya me la está estrechando.
Es más rápido que yo, se anticipa a mis movimientos, acaba mis frases, sabe lo que pienso.
He llegado al cielo, o al infierno, no lo sé.
Es frustrante que sepa qué pienso o qué voy a hacer.
"No te enfades conmigo", me dice, "no tengo la culpa de saber lo que piensas".
"¡Cállate!", le grito, "¡Déjame verla!", le exijo.
Y así, Él se desvaneció y me dejó con mi alma vagando en un paraje blanco, esponjoso, cálido y virgen.

Me movía como si de una pluma me tratase. No sentía peso alguno. Las pocas rocas que habían allí, en apariencia importadas de algún lugar sombrío y oscuro, podía moverlas con los meñiques. Todo tenía un fin y un principio, nunca acababa antes de volver a empezar.
Pensé en el paradero de mi amada, y corrí en todas direcciones hasta que un cansancio repentino inundó mi cuerpo.
"Está cerca, muy cerca", sonó en mi cabeza.
"¿Eeh? ¿Quién eres? ¿Qué haces en mi cabeza? ¿Qué quieres?", pensé repetidamente.
"No te preocupes por quien soy, preocupate por quién eres tú...", y la voz se difuminó hasta dejar de sonar.

Corrí recto hasta toparme con una piedra.
Corrí a la derecha desde ésa piedra.
Corrí a la izquierda desde una nueva piedra que encontré.
Corrí y corrí, pero nunca llegaba a nada.
"Quiero saber dónde estás...", sollozé en el suelo envuelto en lágrimas.
"¿Porqué lloras, amor?", preguntó mi amada.
Levanté la cabeza y la vi, translúcida, blanca, la vi radiante, la vi joven, guapa. La vi como siempre.
Salté a sus brazos y me apoyé en su hombro hasta que me acarició la cabeza y me dijo: "No llores más, no tienes que llorar más".
La miré y me caí al suelo, cansado, ése lugar era fatídico.
"Vámonos a casa, vámonos a casa...", le pedí.

"Amor, escucha. Estamos juntos, aquí...", ella trataba de decirme algo, pero yo no entendía nada, unas alas blancas le salían de su espalda.
"Ya estáis en casa, estáis los dos en vuestro nuevo hogar", comunicó Dios.

Cada día igual.

Despierto de mi profundo sueño. Me levanto de la cama, siento el frío suelo con mis pies aún dormidos y procedo a dar un par de pasos para encender la luz.
Lo hago, el destello me ciega, siento como si mis párpados se prendiesen fuego y que éste me consumiera por dentro.
Me acostumbro.
Abro mi armario buscando ropa. Veo camisetas amarillas, pienso en ponérmela pero a mi compañera de clase Matilde no le gusta el amarillo. Veo una camiseta verde, pienso en ponérmela pero a mi compañero Pedro no le gusta el verde. Veo una camiseta roja pero a mi compañero Raúl no le gusta el rojo. Veo una camiseta negra, pienso que nadie tiene nada en contra de ése color y me la pongo.
"Hace frío", pienso. Voy a ponerme una sudadera y veo una roja, pero a Raúl no le gusta. Veo una amarilla, pero a Matilde no le gusta. Veo una verde, pero a Pedro no le gusta. Acabo poniéndome una sudadera negra, nadie tiene nada en contra del negro.
"Voy a ponerme un pantalón", pienso. Pero a ningún compañero le gustará el color que llevaré, veo uno negro, pienso que no será problema ir con él a clase, nadie tiene nada en contra del negro.
Me visto totalmente de negro.
Disfruto yendo a clase con auriculares, así que me pongo unos y los conecto a mi reproductor de música. Me encamino escuchando Rock and Roll y Heavy Metal.
Es un género que me gusta, habla del amor, de los sueños, de los caminos de la vida.
Llego a clase, me miran mal.
Tarareo una canción mientras subo las escaleras, me miran mal.
Atiendo en clase, el profesor pregunta, levanto la mano, me miran mal.
-Puto friki de mierda.
Sigo feliz.
Aún estoy feliz.
¿Porqué estoy feliz?
Contesto, acierto, el profesor me mira mal.
Pasan las horas, acaban las clases, voy a mi casa, por la calle me miran mal.
Abro la puerta de mi portal, me dirijo al ascensor, pero escucho una voz.
-¡Aguanta, aguanta!
Aguanto la puerta que da a la calle, ésa señora es la primera que me ha hablado en el día entero.
Nos dirigimos al ascensor, abro su puerta, me giro pero la señora está subiendo por las escaleras, vive en un quinto.

Llego a mi piso, entro, me desvisto, mi padre me mira mal y vuelta a empezar. 

Ojalá.

Ojalá pueda girarme en mi cama y ver que estás a mi lado, relajada, tranquila, durmiendo despreocupada sabiendo que alguien que te quiere está a tu lado.
Ojalá pueda acariciarte el pelo, tomarlo y juguetear con él hasta que despiertes con una sonrisilla matutina.
Ojalá pudiera mirarte a los ojos ahora mismo y perderme en ellos por siempre.
Ojalá pueda rozar tu cuerpo con las yemas de mis dedos, notando los pliegues, perfectos. cada uno de ellos, y saber que me has elegido.
Ojalá cada día que paso sin ti fuera efímero.
Ojalá los momentos en que te veo no acaben nunca.

Ojalá yo sea la persona con quién quieres estar.
Ojalá.

Soñar es gratis.
Ojalá sueñe contigo ésta noche para evitar las lágrimas.

domingo, 8 de diciembre de 2013

El frío no todo lo cura.

Noto el calor metálico en mi pecho, un cañón.
Siento una punzante herida delante de éste y brota del hoyo un agua roja, caliente también.
Se oyen gritos, abro los ojos, abro la boca de la que brota agua roja también y veo en mi mano un arma.
Corre una brisa llevada por la velocidad de una persona que corre igualmente. Lleva algo en la mano, un arma también.
No. Un teléfono. No llego a ver el número entero. Veo unos unos.
Vuelve la brisa, la echaba de menos, hace que sea menos agudo el dolor de la herida que, ah, ¡yo me he provocado!
Toso agua roja.
Oigo sirenas a la par que mis rodillas caen contra el frío suelo.
Pienso que si mi herida tocase el suelo se curaría de inmediato.
Dejo a la gravedad hacer su trabajo.
La herida no se cura.

Pequeña posibilidad.

Cabe la posibilidad de que ésa sombra que me sigue, que ésa lágrima estática que no cae, que todas ésas cosas que yo veo y los demás no, no existan.
Una pequeña posibilidad.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Adiós.

Caigo.
Caigo.
Llego a una planicie. Estás tú. Bella. Hermosa. Creo que eres una visión. Estás tan cerca y tan lejos...
Voy a caerme.
Pero no. Me sujetas.
Te quiero.
No.
No quiero querer a nadie más. Me asusta.
Me aferro a ti.
¡Quiero quererte!
No te quiero.
Mis gritos te duelen.
Te quiero.
Me odio por ello. Tú me quieres, no lo entiendo.
Me suelto.
Caigo.
Caigo.
Te veo.
Me caigo y no vuelvo. Adiós.