Como proyectiles caían todas las desgracias frente a él.
Andando despreocupadamente, o aparentando al menos un distanciamiento de la realidad, seguía avanzando por un camino que por fin él solo había elegido.
Salpicándole y zarandeándole, por su propio peso, querían tumbar a nuestro héroe. Pero nunca quiso ser vencido. Nadie le había dado la posibilidad de elegir qué hacer durante muchos años, hasta ese momento.
Él se dio cuenta de que nunca fue él, era un poco de todo lo que querían que fuese. No lo pudo soportar.
Anduvo un poco más, y cayó exactamente igual que todas las decepciones de las que se había percatado,.
Y al fin él pudo elegir.
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