Es curioso, no puedo dejar de tenerte en mi cabeza.
No puedo creer que hace tres días que no sé de ti, y tampoco me creo que me importe, porque hace cuatro no te conocía.
¿Acaso me vas a hacer tú sentir? ¿Acaso el haberme flagelado en aquél momento era lo correcto?
Sé que tengo que llamarte. Sé que debo hacerlo y, perdóname por tardar.
Lo que me ocurre es que me acuerdo de lo que hemos hecho y me gusta, y me pongo nervioso.
Sí, hemos quedado una vez, pero cada gesto, cada mirada de tus ojos a los míos, cada caricia que me dabas porque querías... Todo éso, toda la atención que me brindabas... Era hermoso. Eres hermosa.
Al fin y al cabo, joder, lo que quiero es que me quieran, y, ¡jo! ¡Poder atender a quién me quiere atender!
Me cuesta pensar qué decirte... En media hora tu teléfono sonará, esperaré, y si contestas, bien, y si no, pues a dormir solo otra vez.
"Tu problema es que piensas demasiado", lo sé.
Me enamoro de las posibilidades.
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