sábado, 18 de enero de 2014

No sé qué hacer si me enamoro de un pensamiento.

Te veo en mi mente, agachada, inerte.
En el baño caída, sobre una alfombrilla.
La sangre de tu pecho bajaba entre tus senos,
y sobre éstos, una cuchilla.
La boca, torcida, dibujaba una sonrisa,
helada, cansada, pero firme y suicida.
Sonrisa de loca, acabada, malvivida.
¡Qué sexy me parece alguien como tú,
como yo, sufridora y en un tunel sin luz!
Sueño con tus rotos labios, partidos por un compartido filo,
posados con amor, sobre el edén de los míos.
Pienso en tus cicatrices, heridas mentales plasmadas en un lienzo,
tu cuerpo, cariño, no es cosa extraña.
Saco las mantas, deshago tu ropa, destrozo la mía, me poso en tu boca.
Ambos nos queremos, igual no por amor, sino por el camuflado deseo de sentir calor.
Ataques de furia, por tu inexsistencia, me invaden y en mí, provocan  Demencia.
Es lo que siento, pierdo el control, al final en mi pecho, me corto yo.
La sangre me brota, y de ella naces tú, pero no eres real, eres droga de hospital.
Acaba la historia, me encierran sin más, se acaba la búsqueda, de mi mujer ideal.
Vendrá ella, espero, no voy a andar más, mis pies no aguantan más brasas del mal.

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